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Tamborrada 2020


Ya se terminó la tamborrada de este año. 24 horas de banderas, cantineras, gastadores, tambores, barriles, emoción, marchas, canciones, y demás cosas ligadas al día grande de San Sebastián. Muchos son los y las donostiarras que participamos de este día. Los hay incluso que acuden desde otras localidades e incluso desde otras provincias a ver, oír y tocar durante este día.

Yo personalmente he estado, como siempre, tocando desde el momento de la izada hasta más o menos las 4:00 por el barrio que me vio crecer: Amara. Desde el ambulatorio hasta el Amara Plaza pasando por el Esparru, Armerías, Ikasbide y Donosti. Volver una vez finalizado todo al punto de inicio. Tocar todo el repertorio de Sarriegi e incluso alguna que otra. Pasar frío es parte de la penitencia que ha tocado este año; otras veces toca mojarse. Pero todos los participantes disfrutamos de cada golpe y de cada redoble.

Desde el año pasado aprendí además a ver otras tamborradas. Ser parte pasiva de ellas. Ver y no tocar. Disfrutar. Querer tocar más y pensar en el doblete. Espero que ocurra, la verdad.

Lo curioso de esta fiesta es que no es más que la evolución y transformación de una curiosa anécdota histórica. Hoy día no todos somos conscientes que cuando nos enfundamos el traje de soldado, de cocinero o de aguadora estamos siendo historia viva de nuestra ciudad. Lo que el día de San Sebastián se recuerda pasó en el pasado.

Muchos son los que no nos entienden. Los que no comprenden el sentimiento que hay detrás de cada acorde de las charangas, del alumnado de la mayoría de colegios donostiarras que pasa frío durante la tamborrada infantil. Es algo que es parte de nuestro ADN.

Nunca seré un óptimo guía turístico, pero a todo aquel que no haya visto nunca la tamborrada le recomendaré que, si puede, se pase un 20 de Enero por la ciudad de Donostia/San Sebastián y que callejee cuanto sus piernas le permitan. La fiesta se vive en cada calle de todos y cada uno de los barrios donostiarras. En definitiva, una fiesta sin igual.

Bagera!

Gracias Fernando


Hoy ha terminado la aventura en el Gran Circo de Fernando Alonso. Lo hace de un modo inmerecido, puesto que ha sido uno de los mejores pilotos que yo he conocido en dicho deporte.

A muy temprana edad conocí la Fórmula 1 gracias a diferentes videojuegos; aunque bien es cierto que no llegué a amar este deporte hasta que TeleCinco comenzó a retransmitirla con un joven que estaba a dos temporadas de conseguir su primer título mundial.

Esa fue la época de oro del automovilismo en la afición española, puesto que teníamos un piloto campeón, y eso no había pasado nunca. Pobres Marc Gené y Pedro De la Rosa, que se quedaron demasiado fácilmente ensombrecidos por un jovencísimo Fernando Alonso.

Los años fueron pasando, y debido en gran medida al fervor con el que Antonio Lobato narraba las carreras del asturiano, muchos españoles comenzaron a odiarle, a pensar que en realidad no era tan buen piloto. No había más que ver su segunda etapa en Renault.

Sin embargo, llegó al mítico bólido rojo; a la Scuderia Ferrari. Ahí pudo finalmente demostrar su valía como piloto. Tenía una máquina inferior en muchos aspectos a la que por aquel entonces fue la escudería dominante: Red Bull. A pesar de eso, Alonso tuvo en su mano el poder alzarse por tercera vez con el título mundial. Lamentablemente, el mal fario que parece perseguirle casi desde sus inicios hizo de las suyas y finalmente Vettel se alzó con su primer título de campeón. Desde ahí, todo el mundo sabe lo que ha pasado con la carrera automovilística de Fernando Alonso.

Personalmente, le deseo todo lo mejor en su futuro como piloto. Me gustaría verle alzarse campeón de la codiciada Triple Corona, puesto que se lo merece. Se ha codeado con grandes pilotos entre los que yo destaco sobretodo a Michael Schumacher y a Lewis Hamilton. El alemán es una leyenda viva de la F1 y el inglés está todavía por tocar cima.

El año que viene todo va a ser diferente. La F1 en España no se va a vivir de igual modo sin Alonso. Sin embargo, yo lo prefiero así. Más que nada porque, estando el asturiano dentro del Gran Circo, las noticias distaban mucho de ser parciales y/u objetivas; y muchos haters han anidado en los foros de noticias relacionadas con la F1. Sin Alonso, la F1 pierde a un grandísimo piloto pero gana objetividad en el territorio nacional (porque dudo que los haters vayan ahora a recriminar nada a Carlos Sainz)

¿Volverá Fernando a subirse a un monoplaza de la F1? Yo espero y deseo que sí; puesto que se lo merece. Pero que lo haga después de alcanzar la triple corona y durante una única temporada, a modo de despedida definitiva. En un futuro algo más lejano, me gustaría verle como director de algún equipo, puesto que talento no le falta.

Final al curso 2017/2018


Por fin llegó ese día tan deseado por todos los estudiantes, y de paso, de los profesores. Este curso ha sido muy especial para mí. De los tres años que llevo como docente interino en la escuela pública del País Vasco este ha sido en el que más centros diferentes he visto y en el que he visto situaciones y realidades muy diversas.

Vamos por partes, este curso he estado en la friolera de diez colegios diferentes, con la curiosidad de que en dos de ellos he repetido; dicho de otro modo, este año he realizado doce suplencias diferentes.

Afortunadamente para mí, algunas de estas doce suplencias han sido bastante largas. Guardo con gran cariño esos dos meses en un colegio vitoriano y todo un trimestre en Zumaia. Si bien es cierto que no se acerca de momento a la casi totalidad del curso anterior, que la hice en un colegio alavés del que nunca me olvidaré y del que guardo muy buenos recuerdos, siempre se agradecen las bajas medianamente largas.

Pero no todo ha sido bueno este curso. A finales del primer trimestre estuve por un tiempo en un colegio con una metodología completamente diferente a la habitual, por lo que me sentí perdido. Para colmo, nadie me quiso/pudo explicar cómo realizar correctamente mi labor, por lo que lo hice lo mejor posible, aunque imagino que no lo hice bien. 

Además, he estado todo el tercer trimestre de la ceca a la meca, por lo que se puede decir que he ejercido más bien poco. Es cierto que no me ha faltado el trabajo, pero al haber estado en tantos colegios en tan poco tiempo (lo que supone que son bajas muy cortas) se ha traducido en que he enseñado poco o nada más allá de lo que me hubiesen planificado o algún que otro pequeño detalle que haya sido capaz de enseñar. Como dato anecdótico, de las doce bajas que he suplido este año, ocho han sido durante el último trimestre.

En definitiva, que ahora toca empezar las vacaciones de verano y a finales de agosto ya empezaré a saber qué será de mí durante el curso académico 2018/2019.

Formula 1: Mi corazón está cambiando de color

Este año volveré a la F1. Ya lo dije en su día a través de Facebook e Instagram si mal no recuerdo. Estoy como un niño con juguete nuevo, si he de ser sincero. Esta temporada promete interesante con varias luchas bastante niveladas (para lo que ha venido siendo la F1 estos últimos años).

Ya fui hace unos años con un buen amigo mío al Circuit de Catalunya y realmente disfruté de la experiencia. Imaginaba que no iba a volver nunca a un circuito de F1, y mucho menos que fuese a viajar hasta Hungría; pero bueno, la F1 no siempre es tan interesante como en 2018 y hay que aprovechar. Sin embargo, también voy a la F1 en un momento personal un tanto curioso. Los que ya me conozcáis, sabréis que soy un gran fan de McLaren desde los tiempos de Mika Häkkinen y David Coulthard. Sin embargo, ya desde hace un año y medio esta mítica escudería está empezando a desencantarme (y esto es el motivo del título de la entrada).

Será tal vez que el hecho de que Fernando Alonso esté en la escudería hace que toda la prensa española hable demasiado de McLaren y sea más bien subjetiva a la hora de dar las noticias. El hecho es que debido a las contínuas desavenencias entre McLaren y Honda, este año decidieron "divorciarse" y emprender caminos en solitarios. Decisión que, dicho sea de paso, ayudó a afirmar lo que yo ya me temía desde hace año y medio: Todos los problemas de la escudería británica no era del motor nipón. McLaren lleva tiempo sin hacer las cosas bien, y si quiere revertir la situación necesita hacer una auténtica autoevaluación y cambiar su rumbo. Del mismo modo, necesita de un patrocinador principal que meta los billetes que Honda ha dejado de meter.

Por otro lado, tengo a RedBull. Cuando la bebida energética decidió entrar en la F1 la verdad es que no me terminó de gustar. Sin embargo, el hecho de que David Coulthard ocupase uno de sus asientos minimizó mi odio para con la escudería. Los años han ido pasando y ahora es una de las tres grandes escuderías, si bien llevan un tiempo un paso por detrás de Ferrari y Mercedes. Y este año le están arrebatando a McLaren el puesto de preferencia que hasta ahora han tenido en mi corazón automovilístico.

Como dato adicional, en cierto modo estoy deseando que RedBull tenga la valentía de cambiar su motor el año que viene y empezar la trayectoria con Honda. Si eso sucede, y si RedBull gana calidad en vez de irse al garete como toda la prensa española está deseando, McLaren será historia para mí mientras no corrija sus errores y haga una crítica razonable de su chasis. 

No terminaré esta entrada sino diciendo que en otra ocasión hablaré más en profundidad de la F1 y de mi opinión para con éste deporte.

Bosko Anitz


Hace poco más de un año dejé el club de tiempo libre Bosko Anitz y, a su vez, me "jubilé" de ser monitor de tiempo libre. Lo había sido durante diez años, la mayoría de los cuales estuve en éste club del que hoy os vengo a hablar. Cuando no estuve ahí, fue o bien porque estuve en el club que yo mismo me encargué de reflotar en el colegio que por aquel entonces me tenía contratado; o bien porque me tomé un par de años sabáticos.

Sea como fuere, el hecho es que al menos siete fueron los años que dediqué al Bosko Anitz. Años con sus altibajos, como es lógico. Momentos memorables y momentos para olvidar. Ya en mis dos últimos años veía que la brecha generacional era cada vez mayor, y vi cómo el club viraba en una dirección que no me terminaba de convencer, si bien parecía un rumbo lógico teniendo en cuenta el funcionamiento del resto de clubes salesianos.

Con todo, estoy totalmente convencido de que me fui en el momento indicado. Ni tarde ni temprano. Cierto es que, como ya le confesé a un monitor, mi intención era aguantar un año más y dejarlo este año (tenía muy claro que con 30 años ya no quería seguir siendo monitor de tiempo libre), pero sabía que de hacerlo podría llegar a terminar quemado y perder el buen recuerdo que hoy en día guardo del Bosko Anitz.

Bosko Anitz ha sido, es, y esperemos que sea un referente para el pueblo de Urnieta. Un club de tiempo libre siempre viene bien en un pueblo de ese tamaño y, personalmente, me parece mucho más necesarios en el perfil de pueblos con únicamente dos opciones escolares: una escuela pública y otra concertada.

No se muy bien por qué, pero en este perfil de pueblos esa rivalidad entre pública y concertada puede llegar a ser bastante tóxica, y espacios como el Bosko Anitz tienden a ser los que rebajan el grado de toxicidad entre el alumnado de uno y otro centro.

Además, como educador que soy, siempre me ha gustado el estilo del Bosko Anitz, más incluso que lo poco o nada que conozco del resto de centros juveniles salesianos. Puede que no sea un grupo con tanta influencia como el de Deusto, o que no sea tan notorio como el de Azkoitia, pero la verdad es que es el club que más me ha gustado o más se ha tratado de diferenciar en los encuentros de grupos salesianos anuales.

Por último, decir que el Bosko Anitz ha sido una herramienta valiosísima para mí, pues he mejorado mucho gracias al club y he aprendido lecciones que me han ayudado en cierto modo a madurar. Cierto es que los que me conozcan sabrán que me gusta mucho actuar de un modo muy informal e incluso infantil, pero eso no quita para que en los momentos importantes sepa usar la cabeza y pensar de manera racional.

No quisiera terminar esta entrada sin unos pocos agradecimientos. Muchos son los monitores que he conocido a lo largo de estos años, pero pocos me han influenciado y/o ayudado tanto como Alex e Iván. A vosotros os quiero dedicar este blog, pues sin los Makokis, sin las charlas existenciales, las filosóficas, los momentos de introspección y las valoraciones de eventos realizados que he vivido con vosotros, mi experiencia en el Bosko Anitz habría sido bastante más pobre.

Presentaciones por doquier


Marzo está tocando a su fin, pero la verdad es que ha sido un mes muy fructífero para mí. Al menos en lo que a innovaciones se refiere. Hasta ahora no he sacado mucho provecho de las pizarras digitales que podía encontrar en cualquiera de los colegios a los que voy a dar clases. Pero esto va a cambiar, o al menos así lo espero. He vuelto a la era de las presentaciones en diapositivas.

La verdad es que tengo muchas ganas de empezar a crear diapositivas para mis próximas clases magistrales. Durante estas vacaciones no podré ir adelantando el trabajo ya que probablemente no continúe en el colegio en el que he estado desde el 15 de Enero. Es lo que tiene ser suplente en la educación pública... que vas yendo de colegio en colegio. Esto supondrá que cuando retome las clases tendré que trabajar duro si quiero hacer buenas diapositivas... pero lo haré lo mejor que pueda. Ya se dice que sarna con gusto no pica.

El ejemplo que he usado como imagen de esta entrada es una presentación de PowerPoint, pero la verdad es que las últimas semanas he estado trasteando con las presentaciones de Google. Ambas opciones son más que válidas para lo que yo busco en este intento de reciclarme un mínimo para impartir las clases. Soy consciente de que a día de hoy hay otras opciones bastante más visuales e interactivas como pueden ser las de Prezi, pero de momento me quedo con las dos anteriormente mencionadas.

Por si hubiere alguien interesado en comparar las presentaciones de PowerPoint o las de Google, decir que son bastante parecidas. De momento controlo bastante mejor las primeras, pero que las de Google se graben directamente en el Drive me parece una comodidad brutal. Sobretodo sabiendo que no todos los colegios tienen una versión actualizada del Microsoft Office. Es más, en algunos colegios la versión varía dependiendo de en qué clase estés.

Espero poder ir aprendiendo poco a poco e ir perfeccionando mis habilidades para adecuar mis clases a esta nueva herramienta que me he autoimpuesto. Decir que incluso me he comprado un mando para poder pasar las diapositivas de un modo más cómodo.

Cines Warner Lusomundo de Donostia/San Sebastián


Una vez hablé de estos cines, y nunca me cansaré de hacerlo. Para mí estos cines han sido y serán (hasta nuevo aviso) los mejores cines con los que hemos contado en nuestra ciudad los donostiarras. Abrieron hace ya mucho tiempo, en septiembre del año 1998 y cerraron casi ocho años más tarde, en junio del 2006. Fue un breve periodo de tiempo el que estuvo abierto, pero no por ello hice pocos recuerdos en torno a éstas salas de cine.

Todavía recuerdo que las primeras veces que fui a ese cine las entradas estaban a 750 ptas. aproximadamente, e incluso había una oferta que por un total de 800 ptas. tenías entrada de cine + hamburguesa del McDonalds que había a 100m del lugar de donde saqué esta foto. ¡Qué tiempos aquellos! Miras cuanto cuesta el cine ahora y crees que 6,4€ es "barato" (teniendo en cuenta a cuanto cotiza últimamente la entrada de cine).

Durante mi infancia viví lo que me pareció una época dorada cinematográfica, pues a los cines de toda la vida se le sumaban cada vez más salas. Así, llegamos a tener seis diferentes cines: El Príncipe, Trueba, Astoria, Garbera, La Bretxa y Warner. Hoy solo sobreviven los dos primeros (aunque al Astoria le "nació" un "hijo pequeño", los cines Antiguo Berri).

¿Por qué me parecieron los cines Warner los mejores que hemos tenido los donostiarras? Más que nada por esas salas enormes con unas butacas muy cómodas. Además de eso, en el hall de entrada (ahora oculto tras esos paneles), había varios personajes del mundo Warner. Desde Bugs Bunny hasta Marvin el marciano. Y cada cierto tiempo unos altavoces camuflados cerca de ellos soltaban una de sus típicas coletillas.

¡Qué decir de esos cubos de palomitas! Gracias a la pequeña tienda que se aprecia a la izquierda y su política de self-service hacíamos virguerías cuando celebrábamos un cumpleaños en el cine. Muy típico de aquellos tiempos era el rellenarlos hasta que no cabían más sin que cayeran. También aprendimos que si te echabas Coca Cola (o Pepsi, ya no recuerdo qué compañía trabajaba en estos cines) salía con bastante agua, pero que si la que echabas era la versión Light casi ni te la aguaban.

La verdad es que no recuerdo mi última película en este cine. Pero muchos recuerdos han quedado ligados a este local que a día de hoy está sellado. Quisiera destacar tres de entre todas las películas que pude ver en estos cines:


1.- La Liga de los Hombres Extraordinarios (2003): Posiblemente uno de los recuerdos más amargos que he vivido en unos cines (por lo sucedido antes de la película más que nada). Por lo demás, la película me encantó y a día de hoy la sigo viendo de vez en cuando.

2.- El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey (2003): Más avanzado ese año, vi por primera vez una película yendo sin compañía al cine. Como gran aficionado al mundo de J.R.R. Tolkien que soy (por culpa de un amigo mío, que me invitó a la primera parte de esta trilogía), y sin nadie con quien ir, decidí salir antes de un partido de la Real Sociedad en Anoeta, subirme hasta la Warner y disfrutar con unas buenas palomitas de esta magnífica película. Todavía se me erizan los pelos cuando veo la escena de las almenaras.

3.- Star Wars III: La venganza de los Sith (2005): El cierre de la precuela de la legendaria saga la vi en la Warner con el que a día de hoy es mi mejor amigo. Aunque por aquel entonces no me gustaba tanto el universo de George Lucas como lo hace hoy en día (no me había visto la trilogía original) realmente disfruté del largometraje e incluso acerté con un par de hipótesis que tenía en mi cabeza acerca del final de la película.
 

 

Hace poco tiempo una nueva esperanza surgió en mí. Parece ser que Illumbe va a ser completamente remodelada, de modo que los donostiarras tendremos nuevo hotel y nuevo centro comercial... ¡con cines incluidos! Desconozco cuánto se demorarán las obras, pero espero que cumpla las expectativas de una ciudad deseosa de volver a darle vida a una zona que a día de hoy está abandonada.

¿Visitásteis vosotros estos cines? ¿Qué recuerdos os traen?

Querer y no poder. Tratando desesperadamente de llegar al trabajo.


Esta mañana he vivido una auténtica odisea para intentar llegar al trabajo. Como algunos sabréis, ahora mismo estoy trabajando en Zumaia. A pesar de estar bastante cerca, hoy he comprobado que a veces todo se pone en contra y no se puede hacer el trayecto entre Donostia/San Sebastián y Zumaia. Es por ello que se me ha ocurrido escribiros un poco esta odisea que he vivido como si fuese un diario.

7:00
Estoy en ese precioso momento del día en el que me despierto poco a poco mientras juego con mi iPad. Me dicen en casa que está todo nevado, que tendré que intentar llegar al trabajo en tren; debido a que no podré sacar el coche del garaje.

7:20
He salido de casa en direción a la parada de Euskotren de Anoeta. Efectivamente, hay coches tratando de salir del garaje y teniendo que volver a entrar por la dificultad que supone una cuesta de esa pendiente estando nevada.

7:45
Llevo veinte minutos en la estación. No ha pasado ningún tren. Decido salir y tratar de llegar a la estación principal en autobús.

8:00
Empiezo a estar un poco desesperado. Tampoco hay autobuses. ¿Qué puedo hacer? Soy consciente de que voy a llegar tarde al trabajo, pero tengo que intentarlo.

8:05
Cojo mi bicicleta. Iré pedaleando a la estación central de Euskotren en Donostia/San Sebastián.

8:15
He llegado sin mayor dificultad. Todo sigue como en la estación de Anoeta; pero con trenes. Todos parados y sin intenciones de moverse, por lo visto. Llamaré al colegio y diré que me es imposible llegar. Toca volver a casa.

8:45
Una vez he desayunado, toca hacer balance. Quitando el estrés del querer llegar a Zumaia por todos los medios posibles y no poder, ha sido una experiencia curiosa e interesante. Nunca me hubiese imaginado que iba a andar en bici sobre la nieve, y la verdad es que me ha gustado bastante la experiencia. 

Lo único que me da rabia ahora mismo es el tiempo que invertí en la noche de ayer para hacer una presentación PowerPoint mucho mejor de todas las que había hecho hasta ahora para nada. Espero poder ir a trabajar a la tarde y poder usarla. Aunque siempre podré darle uso mañana, si es que el tiempo me lo permite.

Crónica de un escritor frustrado


Ya por mi último curso universitario nacieron en mí las ganas de escribir un libro. Echaba de menos esos concursos literarios anuales de mi colegio, en el que llegué a ganar varios premios (el hecho de que hubiese pocos competidores en mis últimos años es mera anécdota, estaba claro que yo iba a ser un genio de la literatura).

Hablé con una profesora de mi universidad, siendo la casualidad que ella también era escritora. La verdad sea dicha, tampoco se esmeró demasiado en ayudarme; simplemente me dio un panfleto con diversos concursos literarios a nivel nacional.

Con la carrera ya cerca de terminar, empecé con mis primeros bocetos. Como por aquel entonces estaba leyendo el tercer tomo de la saga "El Legado", escrita por Christopher Paolini; y si además a eso se le juntaba que siempre me ha gustado la mitología que envuelve a los dragones, mi primera obra literaria era bastante obvia: un mundo de fantasía donde los presonajes eran todos dragones.

Llegué incluso a tener los títulos para unos 20 capítulos; por lo que se puede decir que el esqueleto más básico de mi obra estaba cogiendo forma. Es más, incluso tenía escogidos los nombres de varios personajes secundarios así como la mitología que envolvería a los dragones de mi futura novela.

El problema llegó cuando me decidí a empezar a escribir. Ya había terminado mi primera carrera y me encaminaba a hacer una licenciatura que nunca llegaría a terminar

Me bloqueé; no era capaz de desarrollar nada la trama. Me quedaba bloqueado en cada capítulo. Veía que los tres primeros capítulos apenas alcanzaban la página y media de un documento de Word. Trataba de hacer mejores descripciones... pero parecía ser que no iba conmigo. Después de un pequeño parón, releí lo que había escrito hasta la fecha y no me gustó nada. Dejé de soñar despierto; ser escritor no era lo mío. Borré el documento y destruí todo rastro del esqueleto que tenía escrito en un cuaderno.

Años más tarde, cuando llevaba ya un par de años sin empleo desde que se me terminase el contrato en la capital navarra, me vino otra vez la idea de escribir un libro. No tan fantasioso, pues estaba claro que no iba a llegar a buen puerto. Tal vez uno más real, uno en el que pudiera incluir mis propias experiencias a través de otros personajes. Es por ello que decidí volver a ponerme manos a la obra.

Esta vez empecé bastante bien, sabía muy bien lo que tenía que hacer. De hecho, lo poco que todavía conservo de esa obra (apenas una página) me sigue gustando cuando, a día de hoy, lo he vuelto a leer después de mucho tiempo sin ser revisado.

Si me gusta este nuevo inicio literario, ¿por qué no seguí adelante y traté de terminar mi primera novela? La respuesta es simple: motivos laborales. Desde septiembre del 2015 que tengo trabajo de manera regular y que me lleva a conocer muchas ciudades diferentes de Euskadi, por lo que cuando llego a casa del trabajo lo único que quiero, si es que puedo, es desconectar de todo jugando a algún videojuego, viendo alguna serie y/o leyendo un poco.

No lo sé con certeza. Tal vez en un futuro me ponga una vez más con este proyecto que casi ni lo empecé y del que no conservo apenas nada.

Inicios de mi pasión lectora


Primero de todo decir que no es mi intención el hacer publicidad de una editorial en concreto ni de una colección en particular. Hablo de ésta porque fue la que marcó los que fueron mis primeros pasos lectores.

Hace unas semanas, cuando empecé la andadura multibloguera creando éste y otros tres nuevos blogs, empecé a hacer una pequeña introspección de mi afición lectora, esa que tantos altibajos ha tenido y tendrá.

El caso es que ya desde pequeño aprendí a disfrutar de la lectura. Mi padre, devorador oficial de libros, ayudó en cierta manera, pero lo que también ayudó fue la pequeña biblioteca particular que fui haciendo entre regalos de cumpleaños y reyes de diferentes años y la biblioteca escolar; ambas tenían la mayoría de ejemplares de una misma editorial, de una misma colección. Ésta era El barco de vapor.

Aquellos que, como yo, hayan leído varios libros de esta colección sabrán que, salvo excepciones, no hay algo parecido a las famosas sagas literarias de hoy en día. Lo que hay es un amplio abanico de libros y poco más. Como profesor, he visto que los niños hoy en día se guían por personajes que ya conocen y se leen sus libros y nada más. En los diferentes colegios que he conocido han abundado los libros de la familia Stilton (tanto Gerónimo con Tea), Kika supersorgina, Nur, y alguno más que ahora no recuerdo. Pero veo poco libro independiente.

Ser fiel a un personaje literario está bien, pero creo que si lees muchos libros independientes los unos de los otros enriqueces más tu mundo literario. No negaré, no obstante, que de pequeño también disfruté de sagas literarias como pudo ser la de Manolito Gafotas y un poco más adelante ya me encontré con Harry Potter, las novelas de J.R.R. Tolkien y ya siendo adulto he disfrutado de alguna otra saga, como los libros de Dan Brown y su personaje de Robert Langdon (de éste último podría hablar en una entrada aparte, la verdad). Sin embargo, también he leído muchos otros libros ya desde pequeño, y tal vez por haber leído libros tan diferentes los unos a los otros es por lo que todavía a día de hoy sigo leyendo.

De hecho, el primer libro del que tengo recuerdo es uno de lectura obligada en mi colegio. Cuando estaba en segundo de primaria, nuestro tutor nos mandó leer el libro Buldo en el colegio. Aunque todavía a día de hoy se me hace raro, guardo bastantes recuerdos del libro (nombres de personajes y desenlace) e incluso podría recordar lo más básico del hilo argumental. Dicho libro pertenecía a la colección ya mencionada del barco de vapor. Más tarde serían otros como pudieron ser Simón Simón, Potoloren hegazkin magikoa y Hamster bi kaiola baten barruan, por decir unos ejemplos (Como podéis observar, se leía en castellano o en euskera indistintamente)

Pero podría hablar de otra colección literaria que se puso de moda cuando yo tenía apenas 8 años: Pesadillas. Dichos libros eran muy fáciles de leer, tenía un toque de misterio con mínimas trazas de terror y normalmente no compartían hilo argumental entre ellos, quitando alguna que otra excepción, como lo era por ejemplo Sangre de monstruo, que creo llegó a convertirse en trilogía. Estos libros ampliaron más si cabe mi pasión lectora. Con eso de que estaban de moda, los compañeros de clase nos recomendábamos los unos a los otros diferentes libros de Pesadillas, nos los prestábamos y/o comprábamos el mismo libro que nuestros amigos. El hecho es que tengo catalogados 25 libros de ésta colección.

Sí, como habéis podido observar, tengo catalogados gran parte de los libros que tengo leídos; otro hábito que adquirí de mi padre. Aunque en mi caso la lista es mucho más escueta, puedo afirmar que he leido, al menos, 121 libros. Soy consciente de que tampoco es que sean demasiados, más si cabe si uno se pone a mirar y ve que gran parte de los títulos son de cuando era un niño que ni siquiera había cruzado el umbral de la pubertad; pero estoy muy orgulloso de esa lista y de los recuerdos que algunos de ellos me sugieren cuando releo los títulos.

Es por ello que os animo a regalar libros a vuestros más pequeños; pero no cualquier tipo de libro. Si quieren engancharse aun personaje en particular siempre tendrán tiempo y ocasión de hacerlo; pero si no se les regalan diferentes estilos literarios, posiblemente nunca llegará a descubrir lo rico que puede ser el mundo literario.